Eres un podólatra?

¿Te gusta jugar con los pies de tu chic@ más que con ninguna otra parte de su cuerpo? Está claro, eres un podólatra.

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Masturbación con los pies, Footjob.

Podofilia, Podólatra, Fetichismo Pies, Técnicas-de-Masturbación

Según el Diccionario culto del erotismo, la «podofilia» es la pasión erótica o excitación sexual por los pies. Quien la siente recibe el nombre de podólatra porque, como bien dice la palabra, es un individuo que idolatra, que adora los pies. Se trata de una parafilia muy común en los varones y poco extendida entre las mujeres heterosexuales (algo más entre las homosexuales).

Aunque es una variante sexual que se ha puesto más de moda que nunca en los últimos tiempos, su origen se remonta a la antigüedad. La obsesión de los chinos por los pies pequeños se exportó a Europa con éxito gracias a un cuento tradicional del siglo XI reescrito por Charles Perrault: ‘Cenicienta’, con un príncipe podófilo loco por desposar a la chica con los pies más pequeños del reino.

No obstante, el germen de esta inclinación erótica sigue siendo un misterio que los hombres de ciencia llevan siglos intentando descifrar. Ya el doctor Richard von Krafft-Ebing, pionero de la sexología, estudió en su libro ‘Psicopatía sexualis’ (1886) varios casos de fetichistas del pie, a los que intentó (en vano) curar mediante técnicas de hipnosis.

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El profesor Rinaldo Pellegrini habló en su clásica enciclopedia ‘Sexuología’ (1968) de un hombre que sólo era capaz de copular con una mujer (campesina, para más señas) cuando ella tenía los pies desnudos.

Freud psicoanalizó a muchos podólatras y remontó el origen del trastorno a la infancia: la necesidad imperiosa del niño de ver los genitales de su madre quedó detenida o reprimida y, por eso, bajó la vista con timidez y retuvo como fetiche al pie. Y Jung afirmó que el pie (y no la cara) es el símbolo del alma, porque es lo que sostiene al ser humano erecto (nunca mejor dicho).

 

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En la actualidad, hay opiniones para todos los gustos: desde erotómanos que subrayan el parecido entre el arco del empeine y las curvas femeninas, hasta especialistas que relacionan el efecto en la libido del olor vaginal con el que produce el aroma de los pies. Pasando por neurólogos y sexólogos que, como Valeriano López Alfajor, afirman que «los pies y los genitales ocupan áreas contiguas en el córtex somático-sensorial. Sera por eso que los músculos de los puentes del pie se contraen durante el orgasmo».

Por haber, hay hasta artistas y antropólogos que enlazan la podofilia con el elemento religioso: como en la tradición cristiana el acto de asear los pies ajenos es una muestra de humildad y mansedumbre («si yo, el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros», dijo el Señor), no es difícil llevar el rito al lado oscuro y terminar fornicando con pies.

Esta conexión mística fue observada por Luis Buñuel en su película ‘Él’, cuando el protagonista se enamora

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locamente de una mujer al fijarse en sus pies en plena misa, durante la ceremonia del lavado.

La mujer es, en buena parte, culpable de la extensión de la podofilia. Son muchas las que se cuidan los pies tanto o más que la cara, y unas cuantas las que exigen masajes podales como precalentamiento antes de pasar a mayores (cosa que en Japón, país experto en reflexología podal, es obligatoria).

Sin embargo, para el obseso de los pies, el mayor acto sexual no es la penetración, sino el llamado feet worship (en castellano,»trabajarse un pie»), y se excita sobremanera al ver, tocar, acariciar, chupar, oler, lamer, besar o castigar de distintas formas cualquier parte del pie. Para estas prácticas se pueden usar desde cepillos para el pelo a plumas de diferentes aves, vaselina, cepillos de dientes, bolígrafos o barras de labios (para pintarrajearlos), pinceles, vibradores, cuerdas finas… A gusto del consumidor. Mientras algunos fetichistas disfrutan atando a sus víctimas para torturar sus plantas con cosquillas, otros prefieren sencillamente hacerles una pedicura completa o gotearlas con cera caliente.

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De todo hay en la viña del Señor, incluso sumisos que se excitan por el acto de ser pisoteados o voyeurs que sólo eyaculan al ver a una mujer aplastando bichos con sus plantas o sobando madelmanes con los dedos. El caso es que el podófilo disfruta tanto (o más) con un pie como otros hombres con unas nalgas o unos senos. Pero dentro del fetichismo hay grados: un abanico de intensidades que va desde el podólatra aficionado que admira el pie pero termina yendo al grano (o sea, a copular), hasta obsesos que sustituyen la penetración por lo que se conoce como una birmana; es decir, una masturbación efectuada con los pies (preferentemente lubricados).

Algunos, auténticos gourmets del fetiche, prefieren aderezar los pies de su pareja con miel, nata, aceite de oliva virgen o bebidas alcohólicas antes de comerlos. Y los demás optan por el sabor y el aroma de los pies al natural, sin condimentos, e incluso hay quien los disfruta más después de que su dueña haya practicado un deporte de mucho sudar, o quien los venda con gasas para que transpiren más y luego destapa sólo los dedos, para chuparlos con fruición.

En fin, que el fetichismo de pies es un submundo poliédrico con infinidad de ramificaciones. Más que una

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perversión (palabra demodé), es una práctica sexual alternativa que puede estimular la vida sexual propia y ajena si se asume con naturalidad. En otros tiempos, todo lo que se saliera del apostólico coito vaginal era pecado o aberración, y los fetichistas recurrían a prostitutas para saciar su sed de pies.

Hoy, nadie se asusta por estas cosas, que pueden disfrutarse con amantes ocasionales o en el seno de la pareja. Siempre de forma sana y mesurada, no como Joseph Weir, el fetichista de Brooklyn, que fue condenado por besar, acariciar y lamer a traición los pies de más de 70 mujeres en el metro de Nueva York. En su confesión, escribió: «Me arrodillaba, inclinándome respetuosamente, les agarraba los pies y los besaba. Les cogía la mano y les decía: ‘Eres tan bella. No soy digno’. Algunas me dieron una patada y gritaron». Alguien debió decirle que, para llegar a catar los pies de una mujer, hay que empezar por seducir su cabeza.

Un pedófilo medianamente respetable, no se excitará por cualquier pata rajada que vea en la calle ¡No! Debemos tener ciertos estándares estéticos para lo que se consideraría un “pie bueno”. Los criterios a considerar son más o menos los siguientes y sin ningún orden particular:

 

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Arcos

– el arco del pie (la parte que da cosquillas), debe ser alto; por alto, me refiero a lo opuesto de tener una espantosa pata plana como playmobil. No debe parecer que la mujer camina sobre tejas, pero deben de ser lo suficientemente pronunciados para apreciar la curvatura del costado interior.

 

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Tobillos y parte baja de la pantorrilla

– técnicamente no forman parte del pie, pero son parte del conjunto estético. La base de la pantorrilla debe ser delgada y acoplarse armónicamente con la protuberancia del tobillo a fin de generar un juego de perfiles y curvas. Tanto los tobillos como la pantorrilla deben estar libres de moretones, lunares son aceptables sólo con un diámetro menor a 3mm.

 

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Talón– Es apreciado como un conjunto con el tobillo y la pantorrilla. El talón debe sobresalir ligeramente de la vertical (como una nariz). El talón de Aquiles debe estar libre de rugosidad o pigmentación y ser delgado, casi como un prisma triangular. Desde luego un talón como polvorón, reseco y agrietado ¡no tiene lugar!

 

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Dedos y Uñas– Son probablemente los miembros de la anatomía humana más difíciles de alcanzar la belleza . La punta de los dedos debe describir un arco regular desde el dedo gordo al meñique; Los dedos medios más largos que el gordo son una anormalidad inaceptable, los cuadrúpedos tienen los dedos medios más largos, los humanos no (sin ofender), lo mismo va para los dedos torcidos ¡todos deben apuntar en la misma dirección y parecer como las teclas de un piano, no encimarse!. Las uñas deben tener un color rosa pálido uniforme y tener una superficie lisa y pulida, con forma de luna creciente (hacia fuera) no de cuarto menguante. Las uñas opacas, verdosas, amarillentas o agrietadas, el borde de los dedos que recubre a la uña reseco, todos son signos de pies no sanos.

 

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Empeine– Es la parte que más se ve del pie, debe formar un ángulo marcado con la base de la pantorrilla/tobillo, es decir, opuesto a como se vería una pezuña, y estar perfectamente lampiño y suave al tacto y a la vista. Algunas venas ligeramente visibles pueden ser aceptables.

Desde luego los conocidos como “patas de tamal”, callos, juanetes, ojos de pescado y otras cosas inmencionables, están descartadas de un pie que pretende ser adorado.

Como pueden ver, esto del fetiche del pie tiene su ciencia y es altamente especializado dentro del amplio mundo de las parafilias.

Quería mencionar otros muchos aspectos sobre ésta práctica y describir algunas formas creativas o extremas del por qué de este fetiche, pero tendrán que esperar para otra ocasión porque aparentemente me he extendido demasiado. También quería publicar una foto de mis pies, para que vean que predico con el ejemplo, pero ya no hubo tiempo ni espacio.

¡¡¡¡ Próximamente Retifismo fetiche por las zapas.!!!!

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Nacho

Administrador, Editor, y el loco inventor de todo esto, apasionado del sexo en todas sus versiones con una mente abierta, creativa y e innovadora. Pajillero innato, amante de las pajas entre colegas. Vive en Madrid, España, A sus 36 años, casado y con dos churrubeles, siempre que puede esta dispuesto para una reunión de pajas y de organizarlas, es el responsable de organizar el club de pajas de Madrid. Informático de profesión, amigo de sus amigos, siempre dispuesto a ayudar.

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2 Respuestas

  1. amando los dice:

    Pue diré que no hace mucho descubrí que muchos practican este fetiche, ví algunos videos y me excitan, pero no al punto de que disfrute mas chupar unos pies a una buena polla, no señor.<br />Claro me gustaría compartas una galeria sobe los pies, pues si me mola, y estaré a la espera de la foto de los tuyos, jeje.<br />Saludos, <br />Amando Los

  2. hola a mi me fascinan los pies masculinos! muy buen artículo, me gustaria que hagas una correcion en uno de tus parrafos donde pones &quot; un pedófilo medianamente respetable…&quot; debería ir podolatra. Saludos

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