Felación, mamada, francés….

Atrévetre… a saberlo todo sobre la felación.

La «felación» del latín fellare, «chupar».

Conviene constatar que la felación no hace buenas migas con la tradición cristiana. Según las palabras empleadas por los confesores, el acto sexual el acto sexual tiene como única finalidad, la procreación y, por tanto, el hombre tiene que depositar su simiente, en el «vientre» natural de la mujer, esto es, en la vagina. La boca queda excluida de un eventual placer. Lo mismo sucede en el jardín perfumado manual del erotismo legado por la tradición islámica, donde esta práctica queda descartada. Pero más allá de las prohibiciones religiosas, también exsiten prohibiciones legales aplicables a un buen número de países, incluso en países más insospechados. Habrá quien se extrañe de que, hasta muy recientemente, una docena de estados, de Estados Unidos amenazaban con penas de prisión a los practicantes de la felación, fueran o no, homosexuales, estuvieran casados, o no, y se encontraran dentro de su propio domicilio. Esta situación es asombrosa si tenemos en cuenta la libre venta de armas o el tabaco, que se ha demostrado que es cancerígeno, no esta prohibido en la calle…

Desequilibro entre las apetencias.

Por regla general, a más de la mitad de las mujeres no les gusta practicar la felación. Otros estudios indican que las mujeres directivas o con profesiones liberales la practican más y que las que tienen entre 25 y 34 años la practican dos veces más, así como se realiza de forma más voluntaria con una pareja habitual que con una eventual. Esta tendencia general redunda en la aparición de conflictos entre hombre y mujeres.
Por una parte tenemos las que se niegan hacerlo, a las que se entregan a regañadientes, con asco y aburrimiento a evidentes, o también a aquellas que por timidez o inexperiencia empaña su buena voluntad.

Resumiendo: no practicar la felación o practicarla mal, puede llegar a convertirse en un autentico problema de pareja, susceptibles de generar infidelidades o rupturas al ampliar tensiones de otra naturaleza.
La vocación de esta guía será de permitir que la pareja trate este asuntos sin conflictos, facilitando que se confíen sus temores y fustraciones.
Aunque destinado este post a la lectura de pareja, esta guía incluye también algunos consejos especialmente dirigidos a los hombres y otros a mujeres.

Breve historia.

El tabú de la felación fue extirpado de las zonas ocultas de nuestra conciencia colectiva a principios de los años 70, gracias a la película Deep Throat (Garganta profunda), de Gerad Damiano. Esta producción «X» significó una revolución en nuestra sociedad .

Un asunto de pareja.

A la hora de redactar esta guía nos dirigimos tanto en la pareja heterosexual y homosexual. A un tiempo sujetos activos o pasivos, los homosexuales están mejor que nadie para disfrutarla.
En lo demás, las técnicas felatorias no varían según se trate de de una relación homosexual o  heterosexual.
Las únicas diferencias existentes son de tres tipos: en primer lugar, los hombres conocen las sensaciones mentales y físicas de la felación por lo que están mejor situados para practicarla con toda la sutileza y la «pervesidad» deseadas; en segundo lugar, la eyaculación y el esperma no son un tema tabú o con connotaciones de suciedad para ellos; además , practicando el 69 pueden rivalizar en habilidades simultáneamente… Por último, conviene añadir que, al margen de la homosexualidad, existe la autofelación, aunque reservada sólo a unos privilegiados.

Tu demanda requiere algún tiempo. Tu pareja deberá acostumbrarse a esta idea, asumiendo ella misma cuáles son vuestras carencias, e irá poco a poco aceptando entrar en un juego de libertinaje libremente consentido. Es algo que llamamos complicidad… Nunca se te ocurra decirle crudamente y mucho menos en tono de reproche: «Mira, me gustaría que me la chuparas!» o «Me gustaría que me la chuparas más a menudo…, más tiempo…, mejor de lo que lo haces…» Es preferible que le digas que tiene una boca preciosa, que sus labios sensuales despiertan tus deseos y que te encantaría verlos posarse sobre tu sexo para disfrutar con su suave roce. Dile con una sonrisa – no demasiado melosa – que te gustaría entregarte más a menudo a juegos con ella y, en caso de ser condición previa para que haya trato, accede a practicarlos en la más casta oscuridad. Todo depende del tono de voz, de las palabras y de la sutileza cómplice que sepas emplear.

Ejemplo que no hay que seguir

El cine pornográfico propone dos grandes categorías de películas: las obras de autores que practican cierta calidad estéticas y las obras de tipo «huida hacia delante», que cada vez reclaman más sementales machos y más y más esperma.

Pero la obsesión por la felación, claro está, va más allá de las sensaciones físiscas. El deseo del hombre se basa tanto en la infinidad de juegos ofrecidos por la felación como en el voyeurismo y las relaciones que se establecen a partir de ese momento entre la «felatriz» y él.
La felación se puede practicar en cualquier lugar: en la oficina, en el ascensor o en un aparcamiento, en tu coche, en el campo. en el agua o bajo el agua… La felación » a pelo», sin efectos de espejo ni cámaras de vídeo propicia el voyeurismo masculino, sobre todo si su pareja se presta descaradamente al juego. Así podrá ver su pene en primer plano y dejarse llevar por cierto egocentrismo. También puede contemplar el rostro de ella y la forma en que se acopla a un sexo masculino que puede imaginar que no es el suyo.
Del contraste de esta imagen, en la que se yuxtaponen la crudeza de una verga y un rostro más o menos maquillado, nace la obscenidad. La mirada de ella, a su vez, añade excitación al hombre.

¿Qué «efectos benéficos» tiene para la mujer?

¿Y ella?¿Qué beneficios puede esperar de la felación? ¿Están a la altura de los que obtiene su compañero?
Seamos honestos: está claro que no…, aunque algunas mujeres disfruten muchísimo con esta práctica.
Lo cierto es que, por regla general, el placer de la mujer nunca podrá alcanzar en este terreno él que obtiene el hombre: a menos que se proceda a la práctica del 69 su placer físico se limitará al universo sutil pero forzosamente limitado de la sensualidad. El gusto, el olor, la suavidad de una piel apretada por esta caricia, el tacto aterciopelado de un glande, la pigmentación delicada de su corona, la sensibilidad del frenillo, la redondez del tallo de la verga y los testículos bajo la boca, la sinuosidad de las venas bajo la lengua, la blancura de las carnes, un hinchamiento, los espasmos, la visión de un brote, el calor y, eventualmente, el sabor del esperma.
La felación es la reina de las caricias, porque afecta a lo sensible, a lo íntimo, a las fantasías… Una vez liberada del tabú moral y de una repulsión que no se puede entender entre enamorados, salvo en caso de falta de higiene, cualquier mujer puede convertirse en una Cleopatra moderna.
La mujer es la verdadera dueña del juego. Cuanto mejor domine esta técnica, su fantasía y su capacidad de teatralizar la relación, tanto mejor dominará a su compañero.

 
 
 

¿Puede un hombre abandonar a «la reina de las felatrices»?.

Conocer el instrumento.

Aprender a conocer el «instrumento» es un requisito previo indispensable, tanto para ella como para él.
El sexo masculino podría compararse a un instrumento que se toca con la boca y las manos, pero también con la piel del cuerpo o del rostro, con una pluma o unas pieles, así como líquidos, tejidos, o incluso objetos un tanto extraños.. Por lo demás, es un órgano frágil, dado que queda expuesto fuera del abdomen. Este órgano, para terminar, funciona en estrecha conexión con el cerebro, primer órgano sexual masculino… y posee varias partes más o menos sensibles y que puede engendra tanto placer como dolor.
El sexo del hombre se compone de dos grandes conjuntos: el pene, también denominado verga, cipote, etc, y las bolsas. El pene tiene la forma de un «tubo» más o menos largo de 7 a 10 centímetros en reposo y de 13 a 18 en estado erecto. Obviamente, también hay penes más pequeños y otros descomunales. Los médicos, por cierto, han observado que en estado de erección muchos penes pequeños «hacen sombra» a los que eran más largos en reposo. Los primeros pueden aumentar su tamaño un 150 por ciento mientras que los segundos, en ocasiones, tan sólo un 25 por ciento.
En la felación su práctica es perfectamente posible e indolora incluso cuando «el instrumento» resulta demasiado grueso para penetrar en la boca de la mujer. La longitud, más que el grosor, puede plantear eventuales problemas pero hay suficiente cantidad de modulaciones placenteras para dejar a un lado este inconveniente.
No intentar imponer nada a su pareja, esta muestra de tacto es todavía más indispensable para una felación completa o una eyaculación intrabucal, pues seguramente le causaría una asfixia o le provocaría arcadas y una repulsión definitiva. Más allá de estos límites, la libre manipulación de un pene de buen tamaño puede presentar un atractivo no desdeñable para una mujer, que hallará ahi, bajo sus dedos, en sus labios , una auténtica «barra de carne firme y sedosa» y la impresión de tentar un poder fuera de lo común – el suyo – cuando sepa maniobrar hábilmente esta palanca natural con la que podar a los más machos.

El tronco

Constituye el cuerpo principal del pene y su función es la de conducir el glande hasta el interior del sexo femenino para provocar la fecundación. En este sentido, no es sino un intermediario entre los testículos, que fabrican el esperma, y el glande, cuya extrema sensibilidad posibilita la eyaculación dado que está compuesto por un tejido eréctil que se hincha. Algunos troncos son cortos y gruesos, otros largos y finos…, pero también, a veces, largos y gruesos. El grosor , más que la longitud, causa las sensaciones de la mujer durante la penetración. Aunque sea menos sensible que el glande. el tronco no es menos receptivo que éste a las caricias. Es un instrumento de placer sutil con el que se puede jugar mucho, por ejemplo, alternando tiempos de pausa y efectos in crescendo, para no exponerse a un orgasmo inoportuno, De hecho, es muy poco probable que se llegue a provocar una eyaculación sólo con la felación sin que concurra la complicidad de un glande estimulado a discreción.

El glande y el frenillo

Son las zonas erógenas por excelencia. aquellas cuya exitación asegura la eyaculación.

El glande, un gorrito de carne púrpura plantado en la cabeza del tronco, y el frenillo, lengüeta de tejido muy delicada que une el cuerpo esponjoso al repliegue ventral de este «gorro» constituyen claramente las partes más sensibles del sexo masculino. La corona del glande, salpicada con terminaciones nerviosas, y la piel tan fina del frenillo constituyen las zonas a privilegiar para obtener una excitación eficaz. No obstante, su fragilidad requiere de cierta prudencia por parte de una pareja sin experiencia, apasionada o con prisas por terminar.

En la punta del glande se halla el meato, una abertura vertical que es la desembocadura natural de la uretra y, por tanto, el orificio por donde fluyen las primeras «perlas» de las secreciones seminales – signo de que el orgasmo está llegando -, a las que sigue el flujo de esperma que se libera en la eyaculación. Es un agujero con forma de almendra, que recuerda un ojo y que le ha valido al pene algunos de sus apodos más fantasiosos, tales como el tuerto o el cíclope. Obviamente, el meato no compite en la misma categoria de zonas erógenas que la corona del glande y el frenillo, pero para una felatriz sería una lástima desperdicial su potencial. Siempre y cuando sea prudente, el cosquilleo del meato con la punta de la lengua o del dedo, o incluso con la uña, no carece de atractivo para el hombre. Aparte de la agradable sensación epidérmica que produce, resulta muy estimulante cuando se lleva a cabo con ostentación provocativa, subrayada por una mirada insolente, y mucho más cuando sirve para orquestar las modulaciones en torno a las primeras emisiones del licor seminal.
Finalmente, no podríamos describir el glande y el frenillo sin evocar el prepucio, ese pellejito de piel más o menos largo y suelto que los recubre y los protege al nacer, y que se mantiene o circuncisa, según el contexto médico o religioso – la circuncisión por motivos religiosos suele estar asociada a preocupaciones de tipo higiénico-.

Esperma y eyaculación

Click en la foto para cerrar...Nos resultaría casi imposible presentar la anatomía y las posibles manipulaciones del sexo masculino sin nombrar el esperma y su eyaculación, siendo ambos fuente de aprensión para muchas mujeres. En la práctica, el esperma acumulado en el epidídimo recorre un largo trayecto antes de ser eyaculado. Regresando al interior del abdomen y siguiendo después por el pene a través de los conductos deferentes y la uretra. Cada eyaculación proyecta entre 2 y 5 mililitros de esperma en 6 o 7 chorros de fuerza variable. Obviamente, estas cifras son simplemente indicativas. Esta «cucharadita de café» contiene varios cientos de millones de espermatozoides y puede desbordarse un poco según las circustancias. El cine X ha proyectado hermosas y largas cataratas seminales que ya no se cuentan ni en chorros ni en cucharaditas. En dichas peliculas se puede apreciar, asimismo, la gran variedad que existe en cuanto a tipos de eyaculaciones y viscosidad del esperma. Algunas veces, el semen fluye pesadamente, como leche condensada muy espesa, tipo jarabe, mientras que otras sale propulsado lejos y con fuerza, fluido y translúcido… Dicho con otras palabras, la mujer que culmina una felación completa masturbando manualmente a su pareja se expone a ver cómo ese esperma fluye por sus dedos o le salta en la cara. Es importante que la felatriz sepa «verlas venir» y pueda ponerse a buen recaudo si así lo desea.
inocen, negras, negras adolecentesEn el caso de eyaculación intrabucal, una novata en estas lides podría efectivamente llevarse una sorpresa que le produjera desagrado.
Queda por tratar el tema del sabor del esperma: ese líquido cuyo olor, sabor salado y mayor o menor grado de viscosidad repele a tanta mujeres y adoran otras, pero también a tantos hombres.
De hecho, muchos de ellos siente reparos llegado el momento de besar en la boca a su compañera, por estar húmeda de su propia simiente. Seguramente, con ello pierden la ocasión de alcanzar una especia de pacto sellado entre la pareja que los libere a ambos del sentido de repugnancia. 36 calorías por dosis media.

Belleza, deseo, feminidad…

La higiene debe obviamente ser recíproca. Aún más: el amor es una fiesta, y cada cual deberá cuidar su aspecto e higiene al menos para hacerle los honores a su pareja e incitarla al deseo.
Algunos hombres, ciertamente, no tienen el porte de los dioses del estadio que aparecen en los calendarios, ni tampoco tienen unos «aparatos» como los que exhiben algunos modelos del fotógrafo Robert Mapplethorpe, pero pueden no obstante aprender a apañárselas como los recursos de los que disponen… A menos que demuestren mucha autocomplaciencia con actitudes poco favorecedoras y atuendos sospechosos, la virilidad que atesoran debieran bastar para despertar alguna hormonas en la persona que los ama.
La mujer tampoco deberá dejar de tener presente el lado femenino que tiene su compañero. Conocer este «maravilloso instrumento» está bien, pero ella no debe creer por eso que la sensualidad del hombre se limita a su esencia fálica. Su deseo y su placer pasan también por otras zonas erógenas, consideradas más femeninas, pero que, para la mujer, resulta muy útil saber estimular durante la felación. Citaremos, a modo de ejemplo, la barriga, el ombligo, el interior de los muslos, los pezones o esa línea sensible que va desde la base del pene al recto, pasando por el perineo, otorgan un placer suplementario, que dependerá del grado
de complicidad existente entre los dos partícipes. Asimismo, este nivel presupone una reciprocidad auténtica en el intercambio de caricias y la libre escenificación de las fantasías de cada cual.

Posturas entre la comodidad y la fantasía.

La primera fantasía en materia de felación es la variedad de posturas, pudiendo estas últimas verse multiplicadas a discreción en el transcurso de una misma relación. Sus únicos incovenientes son la falta de comodidad y la necesidad de eyacular «limpiamente». Toda la dificultad consiste en saber mantener la postura: permanecer de pie, sin moverse, para el hombre; soportar la dureza del suelo, para la mujer. Evidentemente si la relación tiene visos de prolongarse, cada cual podrá intentar encontrar mayor comodidad.

Nacho

Administrador, Editor, y el loco inventor de todo esto, apasionado del sexo en todas sus versiones con una mente abierta, creativa y e innovadora. Pajillero innato, amante de las pajas entre colegas. Vive en Madrid, España, A sus 36 años, casado y con dos churrubeles, siempre que puede esta dispuesto para una reunión de pajas y de organizarlas, es el responsable de organizar el club de pajas de Madrid. Informático de profesión, amigo de sus amigos, siempre dispuesto a ayudar.

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